Los videojuegos han sido para mí más que entretenimiento; se convirtieron en un espacio donde pude escapar de mis problemas, desconectarme y encontrar tranquilidad cuando lo necesitaba.
En este mundo también conocí a personas increíbles, incluyendo amigas en línea con las que aún mantengo contacto y que forman parte importante de mis experiencias dentro del gaming.
Sin embargo, no todo ha sido positivo. También he vivido momentos incómodos, como vergüenza, comentarios de personas misóginas y situaciones de acoso que muchas jugadoras enfrentan dentro de los juegos.
Aun así, con el tiempo entendí que lo importante no es dejar lo que amas por esas experiencias, sino aprender a seguir adelante, proteger tu espacio y disfrutar de lo que realmente te hace feliz.
Porque al final, los videojuegos también pueden ser un refugio, una comunidad y una forma de ser tú misma sin miedo.